Un Poco más de Nuestra Señora de la Paz
Ave + Fénix, catequesis – Seminario Mayor de Bogotá, junio de 2005
¿Por qué Decimos que María es Reina de la Paz? Antes de explicar el título al que se refiere la pregunta, es importante anotar porqué hay celebraciones en honor a la Virgen María. La Liturgia de la Iglesia siempre ha tenido en gran estima la figura de la Virgen María y desde muy temprano ha querido venerarla, de modo particular, por el papel que ella ha desempeñado en la Historia de la Salvación. Desde los primeros siglos de la Iglesia, se erigieron construcciones en su honor y aún en nuestros días sigue siendo motivo de celebración, veneración e inspiración para muchos artistas de diversa índole. Con el Concilio Vaticano II no sólo se explicó la naturaleza de la veneración a Santa María, Madre de Cristo, sino que exhorta “a todos los hijos de la Iglesia a que cultiven ampliamente el culto, sobre todo litúrgico, a la bienaventurada Virgen”[1]. Además en otro de sus numerales y documentos resalta cómo la Iglesia venera de modo especial a la Santísima Virgen María, “madre de Dios, unida con lazo indisoluble a la obra salvadora de su hijo; en ella, la Iglesia admira y ensalza el fruto más espléndido de la redención y la contempla gozosamente como Purísima imagen de lo que ella misma, toda entera, ansía y espera ser”.[2]
María es Reina de la Paz por ser la madre de Cristo, el Ungido, el Hijo de Dios príncipe de la Paz que vino a reconciliar al hombre con Dios y a restaurar todas las cosas de la creación. En El Hijo todo el Cosmos se recrea y adquiere un nuevo sentido. María no es Reina de la Paz por mérito propio sino por voluntad del Padre, quien la había predestinado desde antes de los siglos para que fuera la madre del Hijo. Pero María se constituye Reina de la Paz al aceptar libre y prontamente las palabras del Señor, dirigidas por medio del ángel.
El Reino que vino con Jesús es un reinado de Paz. Cristo Jesús, Hijo de Dios, se encarnó en el seno virginal de esa mujer sencilla de Nazaret, y así se constituyó como el único Mediador de la Nueva y eterna Alianza; específicamente en el acontecimiento de la Gloria de la Pascua, donde se manifestó el mayor acto de Paz, pues allí reconcilió a toda la humanidad con el Creador (Col 1,22; 2Co 5, 18-19).
La Iglesia al venerar a la bienaventurada Virgen María, al llamarla Reina de la Paz, celebra en último término la obra de salvación obrada en la persona de Jesucristo Hijo de Dios. Esa historia de la salvación ha contado con la participación de la Virgen María por voluntad del Padre, pero con la libertad del Sí alegre de María que se hizo cooperadora del Plan Divino. María intervino de muchas formas en la vida de Cristo y por ello se merece un puesto en el corazón de los fieles, ya que contemplando sus virtudes e imitándolas, es posible acercarse a la fuente de salvación: Cristo Jesús Príncipe de la Paz.
María es Reina de la Paz por estar unida a la obra salvadora de Jesucristo Nuestra Paz (Ef 2, 14).
Las misas en honor a Nuestra Señora
En las Orientaciones generales de las Misas en honor a la Virgen María, se expone la cooperación de la Virgen, con respecto al Plan de Salvación propuesto por Dios: la bienaventurada Virgen María, que según el plan de Dios y con vistas al misterio de Cristo y de la Iglesia, “ha entrado en la historia de la salvación”[3].
Al celebrar una misa en honor a la Virgen María se debe tener presente que la razón de la celebración se halla en el hecho de participación íntima y profunda, de la Madre del Señor en la historia de la salvación. Venerar a María como Reina de la Paz y celebrar en su honor, es ante todo hacer memoria y poner por obra los acontecimientos salvadores obrados por Dios.[4]
¿Por qué venerar a Nuestra Señora de la Paz?
Razones últimas:
- Por su cooperación y su relación íntima con el Hijo, Príncipe de la Paz.
- Cooperación de la Virgen en la reconciliación o “paz” entre Dios y los hombres realizada por Cristo en el Misterio de la Encarnación. María concibió en su vientre a la fuente de todo bien espiritual: el don de la Paz.
- En el misterio de la Pasión ella acompaña al Hijo en su única entrega propiciatoria donde emanó la real reconciliación con Dios y los hombres.
- En el misterio de Pentecostés, María unida a la oración se muestra como discípula y a la vez maestra de la Paz en espera del Espíritu Santo.
LA MISA EN HONOR A LA VIRGEN MARÍA, REINA DE LA PAZ
Toda la celebración resalta el acontecimiento salvífico realizado por Dios en la persona del Hijo; acontecimiento del que también no sólo fue testigo pasivo sino en el que también participó la Virgen María. La Paz traída por Jesucristo es pura iniciativa divina en la que Dios quiso vincularse con la humanidad para hacerla partícipe de tan maravilloso designio: la íntima comunión con Él. Por esta razón, Dios vino sobre María con su gracia y la preservó de toda mancha de pecado desde el primer instante de la concepción, la llenó de los dones del Espíritu Santo y la rodeó con su amor incesante[5], realizando en ella maravillosas obras a favor de la humanidad y en orden a recrear el universo mediante la justicia y la caridad que expresan el don infinito de la Paz.
- Oración colecta: Dios es el que otorga la paz por medio del Hijo: Jesucristo; María es la que intercede para que los hombres puedan alcanzar la paz que tanto anhelan.
- LITURGIA DE LA PALABRA: exaltan el acontecimiento salvífico que fue una promesa y ahora ya es una completa realidad en la Persona de Cristo. Esta obra de Salvación de iniciativa divina contó con la presencia de una figura humana: María, a quién preservó _Dios para tal misión manteniéndola libre de pecado pero que en el momento de la anunciación contó con la libertad plena y confiada en el Fíat de María.
Lecturas que se proponen:
- 9, 1-3.5-6: El motivo de alegría del Pueblo reside en el hecho de la venida del Príncipe de la Paz. Tal acontecimiento suscita en el corazón de los hombres una profunda alegría que se convierte alabanza al contemplar al recién nacido que restituye la Paz que se había perdido.
- Sal 84, 9ab- 11-12. 13-14: Dios anuncia la paz, invita a estar atentos porque ella se hace presente. En el caso de María en el momento de la anunciación. Esa paz no se puede entender sin las acciones de la Justicia.
- Lc 1, 26-38: Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo: esta promesa involucró de modo directo a la Virgen María con el acontecimiento salvífico de la Encarnación. Fue este hecho el que le mereció el Título de Reina de la Paz, porque ella concibió en su seno al Hijo de Dios fuente de toda Paz; Jesucristo es la Paz verdadera, es Nuestra paz: el que de los dos pueblos hizo uno, derribando el muro que los separaba, la enemistad, anulando en su carne la Ley de los mandamientos con sus preceptos, para crear en sí mismo, de los dos, un solo Hombre Nuevo, haciendo la paz Ef 2, 14-18. La obra de Jesús se resume en el anuncio e instauración de la Paz que logra su culmen en el acontecimiento de la Cruz.
- Oración sobre las ofrendas: el sacrificio que se ofrece tiene como intención la expiación y eso es sólo posible por Jesucristo. Se pide el Don de la Paz.
- Prefacio: Presenta a María como la Madre de Cristo, Discípula y Reina de la Paz; esta oración proclama la grandeza del Señor en memoria de la bienaventurada Virgen María como la humilde esclava que recibió el anuncio del ángel Gabriel y concibió en su seno al Príncipe de la Paz – hecho que la hace acreedora del título María Reina de la Paz. María fue la primera discípula que estuvo atenta a las palabras del Señor y las puso por obra con el Sí de su profunda fe. Su fe también fue probada en el momento de la cruz y permaneció intrépida junto al Hijo que derramó su sangre para pacificar todo el universo. María no sólo estuvo presente en acontecimientos de la vida de Jesús, sino que después de la Gloriosa Ascensión permaneció en oración con los discípulos a la espera del Espíritu de la Paz.
- Antífona de comunión: expone en qué consistió la participación de María en la obra de la Salvación: engendró al Dios y hombre. Esta primera acción llevó necesariamente una divina consecuencia: … Dios nos devolvió la paz, reconciliando consigo el cielo y la tierra.
- Oración después de la comunión: Una vez alimentados con la eucaristía, en el contexto de la celebración de la Virgen María, Reina de la Paz, se pide la ayuda al Padre para poder seguir cultivando el don de la Paz dado por el Hijo.
AVE + FÉNIX 2005
Un canto para Dios
[1] L.G. 67
[2] S.C. 103
[3] L.G. 65
[4] Ver las Orientaciones generales del Misal de la Virgen maría Numerales 6 y 9.
[5] Ibid., No. 7





